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11 de febrero “Día Internacional de la Mujer y la Niña en Ciencia”

Si bien en los últimos 15 años se produjeron avances a nivel mundial con relación a la igualdad entre los géneros, en el campo de la ciencia, las mujeres y las niñas, siguen sin poder alcanzar una participación equitativa, posiciones de liderazgo y decisión.

En un esfuerzo por concientizar sobre esta problemática la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015, propuso que el 11 de febrero se conmemore el “Día Internacional de la Mujer y la Niña en Ciencia” en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible incluidos en la Agenda 2030, con el fin de lograr el empoderamiento de las mujeres y las niñas.
Entre los grandes objetivos planteados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se encuentra el de “lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas” que, además de ser un derecho humano fundamental, representa la base necesaria para conseguir un mundo pacífico, próspero y sostenible. Para cumplir este cometido urge la necesidad de facilitarles un acceso irrestricto a la educación, a la atención médica, a un trabajo decente, y a los espacios de decisión política y económica. Su injerencia en estos ámbitos beneficiará a las economías sostenibles, a cada sociedad que las involucre y la humanidad en su conjunto.
En este marco la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (FBCB) se caracteriza por estar compuesta por una mayoría femenina dedicada a la actividad académica y porque actualmente es conducida - por primera vez en su historia- por una mujer, Adriana Ortolani.
En  los ámbitos de investigación y de cátedras las mujeres de la FBCB comparten puestos de decisión y liderazgo. En la ciencia universitaria las investigadoras junto a sus pares varones, aportan sus conocimientos adquiridos para lograr responder a las necesidades de la población e innovar en el desarrollo productivo regional.
 
Mujeres protagonistas
Con el fin de reflexionar sobre esta fecha, investigadoras de la Facultad aportaron sus testimonios desde diferentes perspectivas que abarcan desde la importancia de la educación familiar, el rol de las docentes investigadoras como generadoras de recursos humanos; hasta la convivencia de la práctica de la ciencia con la maternidad, entre otras. “Es una realidad que la brecha de género en los sectores de Ciencia y Tecnología persiste y la sociedad actual necesita de cambios para lograr la participación equitativa de las mujeres en la ciencia. Las niñas y mujeres deben animarse a recorrer este camino de la ciencia porque ya no es un impedimento social” sostuvo Romina Russi, docente y becaria en Laboratorio de  Inmunología Experimental de la FBCB, y actual presidente de la Asociación Santafesina de Biotecnología.
La educación familiar también es un componente trascendente en este cambio de paradigma. Sobre este tema exponen sus historias personales dos graduadas de la FBCB: María Julia Culzoni, licenciada en Biotecnología y doctora en Ciencias Biológicas, docente, distinguida con el Premio Estímulo en Ciencias Químicas 2018; y Carla Teglia, doctora en Ciencias Biológicas, becaria del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas  (CONICET); ambas parte del equipo que conforma el Laboratorio de Desarrollo Analítico y Quimiometría de la Facultad. “Estas fechas permiten abrir caminos para que las niñas y mujeres puedan acercarse a la ciencia y ver de qué se trata. Como mamá investigadora intento que mi hija Valentina me acompañe al laboratorio donde trabajo, para ver qué hacemos, y así tener una experiencia diferente para que pueda elegir en el futuro conociendo todas las posibilidades”, relata Culzoni.
Por su parte Teglia agrega “accedí a la ciencia gracias a que mis padres siempre me inculcaron que daba lo mismo ser hombre o mujer y que podía ser lo que quisiéramos. Hace ocho años que me dedico a la ciencia y reconozco que pertenezco a una generación que tuvo la suerte de tener en épocas anteriores mujeres valientes que lucharon para que yo esté hoy aquí”.
 
Patear el tablero

A su turno Mónica Muñoz de Toro, doctora en Ciencias Biológicas, docente investigadora del Instituto de Salud y Ambiente del Litoral comentó: “Cuando yo me recibí de Bioquímica, en el año 1977, eran muy pocas las mujeres que se dedicaban a la ciencia. Lo que hice fue patear el tablero con relación a lo que mis papás tenían planeado para mí, porque en lugar de volver con mi especialidad y dedicarme a la bioquímica clínica me fui para otro lado, para ser becaria CONICET. Creo que una función muy importante en nuestra carrera como investigadoras es la formación de recursos humanos, nuestros becarios ya son investigadores CONICET”.
Directora del Laboratorio de Control de Medicamentos y mamá de cuatro niñas, Mercedes De Zan aportó su mirada: “Para las mujeres hacer ciencia significa muchos desafíos pero también muchas satisfacciones. Particularmente me gratifica muchísimo poder aplicar el conocimiento científico y técnico en nuestro laboratorio, donde participamos de los controles de medicamentos, como de los tratamientos farmacológicos, y aplicamos todo lo que hemos estudiado, aprendido y desarrollado al servicio de los demás. Esto nos da una gran satisfacción. Mi mensaje es que las mujeres, jóvenes, y niñas que quieran dedicarse a la ciencia y que están en dudas, se animen a hacerlo, proporciona mucha alegría seguir lo que a una la apasiona. Se puede ser esposa, madre o lo que quieras además de hacer ciencia”.
 
“La ciencia es un área androcéntrica”
 Así lo expresó Marina Etcheverrigaray, profesora titular de la Cátedra de Inmunología e investigadora principal del CONICET, refiriéndose a que la ciencia siempre fue un campo de acción restringido al varón y su punto de vista tuvo una posición privilegiada y legitimada por las sociedades, la cultura y la historia. Desde la perspectiva androcéntrica, los hombres se constituyen como su eje principal y las mujeres quedan invisibilizadas o anuladas. “Esta fecha reivindica un rol del que estuvimos excluidas durante muchísimos años, es un área androcéntrica. He padecido en persona a través de mis becas de CONICET, en el trabajo en el exterior, y a veces simplemente por tener hijos, reclamos de jefes por falta de tiempo, porque las mujeres nos hemos dedicado siempre al cuidado de los niños, de la casa, de los adultos mayores y esos son tiempos que se restan y que luego no los tenemos recompensados”, reconoció Etcheverrigaray y agregó, “es realmente muy importante que se evalúe de la misma manera a las mujeres y a los hombres, quisiera saber si mis directores les reclamaron a sus becarios o tuvieron injerencias sobre su cuerpo, cuando a nosotras nos decían ¿otro hijo más?¿Para qué?.
“Creo firmemente que estamos en una etapa de cambios gracias a los movimientos feministas que hacen que todo se deba replantear. Es imposible pensar que nos diferencie un nivel intelectual, y sin embargo,  las investigadoras en el CONICET que ocupan cargos de mayor jerarquía son un porcentaje bajísimo comparado con los hombres. En cambio las mujeres en cargos de investigadora de menor jerarquía tienen un porcentaje altísimo. Ese es el famoso techo de cristal del que tanto se habla y es un ejemplo clarísimo, por eso los movimientos revolucionarios que gracias a las feministas tenemos actualmente, abrirán los ojos y lograrán poner a más mujeres en puestos de evaluación y contribuirán para que esas discriminaciones no sean más efectivas”, finalizó.